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Mostrando entradas con la etiqueta Rosa Fuentes. Mostrar todas las entradas
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lunes, 16 de marzo de 2015

Y sonríes, y yo...

No sé qué pretendes con esa sonrisa marcada por espuma de esa cerveza fría con la que has brindado con mi caña con limón. No sé si quieres que confíe en ti o qué desconfíe de tus palabras. Primero me abrazas, y luego me pellizcas la espalda.

Intento leer el idioma de tus ojos, que cada vez son más pequeños. No sé si por la cerveza o por el calor del momento. Estudio tus manos, finas pero fuertes, que recorren tu barba y después buscan el aire para hacerlo bailar entre tus dedos.


Y es que yo ya no sé qué hacer… ¿Y si me quedo? ¿A seguir andando por este camino extraño, lleno de luces y sombras, que no sé si acabará en algún claro o me llevará a un acantilado? ¿Y si me voy? ¿Recojo mi bolso del suelo, te mando un beso al aire y cruzo la puerta con una lágrima de maleta? 

Y ahí está, acabas de volver a sonreír... Y le doy un trago largo a mi caña… Sonrió, y decido quedarme en la entrada, para ver disfrazarte de lobo o de oveja.


¿A qué esperas?

¿A qué esperamos? ¿Por qué no vuelves? Te doy miedo, o te das miedo. Si nunca estuvimos juntos no fue por mi, tampoco fue por ti; fue por las pocas ganas que había acumuladas en nuestras mochilas. No teníamos ganas de vivirnos, no había tiempo de querernos.

¿A qué esperas? ¿Por qué no te vas? Si ya no hay ganas, si ya se ha acabado todo. Si no me miras con los ojos lagrimosos, si tus labios ya no pronuncian mi nombre en tus sueños. No esperes que los siempre que pronunciamos, fuesen ciertos. Siempre no es siempre, y nunca pasará nada.


¿A qué esperas? ¿A qué nada cambie? 

jueves, 22 de enero de 2015

Cuando nos queramos dar cuenta...

Cuando nos queramos dar cuenta de que era el momento, ya habrá pasado.
Es igual que cuando, en esas noches de tormenta, te acurrucas en la cama y sueñas despierto, y recuerdas una y otra vez tus propias historias pero cambiando el final, o modificando una parte que no te gusta como quedó... Ralentizando las partes más bonitas, y acelerando las partes más oscuras.

Cuando nos queramos dar cuenta que era el amor lo que nos salvaba, estaremos perdidos.
No hay nadie que no sepa amar; se ama por naturaleza, por instinto. Somos seres racionales que perdemos la razón cuando amamos.

Sabemos querer, eso está claro. Y además, sabemos querer de distintas formas. 
Amamos a quien vela por nosotros en nuestras peores noches, a quien nos levanta el ánimo sin importar la razón por la que estábamos sollozando. También, sabemos amar la belleza física, y nos recreamos en el deseo de poseer ese físico.
Unas veces, amamos sin medidas, volando de la mano de nuestra imaginación. Otras veces, amamos sujetos a la realidad, sabiendo el peligro que se esconde tras ese amor. Pero aún así, amamos.

Cuando nos queramos dar cuenta de que estábamos vivos, estaremos muriendo.
Y será nuestra peor agonía: morir pensando en las cosas que pudieron ser y no fueron.


"Yo se que la voy a ver... y me enamoro, otra vez"


Ahora que solo estamos dormidos, despiértate y hazlas. 


UPSOCL -> 
http://www.upsocl.com/mujer/cuatro-personas-se-declararon-a-sus-amores-platonicos-demasiado-tarde/

miércoles, 24 de diciembre de 2014

Abrázame en Navidad

"Esta noche es Noche Buena, y mañana Navidad."

La Navidad son unas fechas marcadas por todos, cristianos o no cristianos, creyentes o no creyentes. Porque no importa el motivo oficial de esta celebración, importa lo que envuelve a esta.

El olor a leña perfuma las calles de los pueblos, las luces decoran cada rincón de las ciudades y la gente sale de sus hogares para sonreír a pesar del frío.

Tú que vuelves a la casa de tus padres, y ellos que te preparan la cena. Tus amigos que te esperan en el bar de siempre, con un abrazo como el de siempre, siendo los de siempre, aunque haya pasado el tiempo.

Él que vuelve del extranjero con regalos, sin saber que el mejor regalo es su regreso. Ella que lo espera como cada navidad debajo del muérdago.

Vosotros que esperáis un milagro el día de la Lotería, sin saber que estar juntos, es lo que hace importante a ese día, y que la botella de cava la podéis descorchar cuando os digan: "lo importante es tener salud".

Ellos que ya no están; y que en cada cena familiar se les guarda el sitio y se derrama una lágrima mientras se guarda el plato de más que, sin querer, se había preparado. Por ellos son los que nosotros brindamos.

Yo que espero tus doce deseos; y tú sin saber que mis doce deseos tuyos.





No dudes en abrazar en Navidad, porqué son fechas para ello.

domingo, 14 de diciembre de 2014

Una vez, érase...

Y cuando ese día despertó, Wendy se dio cuenta de que su camisón ya no era tan infantil como Peter Pan había deseado. Que las hadas se convierten en lágrimas por no tener el poder de conceder deseos, y que los polvos mágicos solo funcionan con sonrisas que hacen volar.

Y llamó a Caperucita Roja para contárselo; y ésta le dijo que su lobo feroz se había convertido en el amor de su vida. Que sabía que esa relación no era posible, que era tóxica, pero que no podía evitar salir al bosque en su búsqueda cada noche. Y que había cambiado su capa roja, por unos tacones de 12 centímetros.


También, Caperucita le contó a Wendy que Bella Durmiente había dejado plantado al Príncipe Azul, y se había ido a estudiar economía; que nadie había entendido ese arrebato de Bella, pero que ella cerró la puerta con fuerza y con una sonrisa como equipaje.
Wendy no entendía que no habían entendido, pero recordó que Ariel y su marido, habían renunciado al trono y habían desaparecido con un folio en blanco y un lapicero naranja para dibujar el mapa del tesoro que iban a encontrar, sin decirle a nadie donde iban, ni si volverían.

Entre tanto, las brujas de cada cuento, habían elaborado un estatuto legal que defendía sus derechos, y ahora estaban de papeleos para legalizar su sindicato. La introducción de ese estatuto del mal citaba: “Nosotras, las brujas, no somos malvadas por naturaleza, son las princesitas refinadas las que nos hacen enfadar; sin arrugas, ni puntas abiertas; sin un mal michelín, y comiendo manzanas todo el día.”

Por cierto, Blancanieves y Cenicienta alquilaron un piso céntrico en la ciudad y se pusieron a trabajar. Y con su primer sueldo, contrataron a los Siete Enanitos para que fueran sus criados a media jornada: cocinero, mayordomo, lavandero, amo de llaves, señor de la limpieza, chico de los recados y chófer.


Y es que, Wendy recordó con dulzura que sus largas tardes jugando y pensando en su futuro, un futuro de princesa, y se dio cuenta que su futuro empieza en un minuto, y que los vestidos largos son muy incómodos para participar en la intensa carrera con obstáculos llamada vida.


lunes, 1 de diciembre de 2014

Juicio de mentiras

Era una cálida mañana de mayo.
El sol entraba por todas las ventanas, grietas y cerraduras que iba encontrando a su paso. Por muy pequeño que fuese el hueco, una pequeña lámina dorada se colaba para ver qué había al otro lado.

En este juego de esconderse y encontrarse, los rayos de luz descubrieron un cuerpo de mujer tendido bocabajo en la cama de una pequeña habitación.

Lloraba. No se escuchaban sus sollozos, pero su respiración era agitada y, de vez en cuando, absorbía por la nariz y repetía tres veces la palabra "mentira".
Ese cuerpo pasó tres días en la misma posición, y sin hacer nada más que repetir mentiras.

Cuando despertó de ese coma, se dio cuenta que ya no había más mentiras que recordar; las había enumerado, juzgado y sentenciado a todas. Ahora, el único que había quedado sin juicio era el juez.

Se incorporó de la cama, y mientras buscaba algo estable a lo que agarrarse, encontró con la mirada un espejo al otro lado de la habitación.

Recorrió con los ojos el reflejo de cada costura de su ropa arrugada; cada mechón de pelo enredado y sucio; cada poso de maquillaje descascarillado y seco; y no se reconoció.

Bajó la mirada, inspiró hondo y volvió a enfrentar su mirada a la figura del espejo. Nada había cambiado en esos segundos.

Sin pensarlo más, y mientras la última lágrima corría por su mejilla izquierda, abrió la puerta y se fue; dejando allí encarcelado al espejo, a las mentiras y a su pasado.

lunes, 24 de noviembre de 2014

Cuando las cosas no van bien

Como siempre que las cosas no van bien, decido escribir, y llevaba mucho tiempo sin hacerlo con el corazón destrozado; por esta razón, pido perdón por el exceso de sinceridad y por el filtro de lágrimas que derramaré mientras escribo.

Unos días pienso que estoy bien, que no pasa nada por no tenerte, por no contarte mis días… Al día siguiente, o a las dos horas, lloro; me doy cuenta que no estoy bien, que odio no tenerte, y que te necesito en mi día a día. Y esto es una montaña rusa que no para, no hay pausa ni para el maquinista, ni para los pasajeros de esta cruel atracción. Ya no me entiendo, y tampoco te entiendo.

Le habíamos puesto tantas ganas para que la máquina girase dulcemente, que no es fácil hacerla parar de golpe.

¿Y qué opinas de los recuerdos? Cada día es uno nuevo, y ya no tengo lágrimas para intentar borrarlos y curar la herida con la sal…

Creo tener claro algo, y es que te quiero. Que quiero compartir contigo mis días, quiero despertarme con tus besos en la espalda, quiero hacer planes y hacer cosas improvisadas, quiero sorpresas y sorprenderte, quiero sentirme guapa cuando me veas, y verme reflejada en tu sonrisa, quiero que me comas con los ojos pero que me abraces con el corazón, quiero verte reír conmigo, y que no llores nunca más por mí. Te quiero a ti.

También tengo claro lo que no quiero, y es que no quiero una relación sin sorpresas, sin ganas de vernos y tocarnos, sin sentimientos, sin besos en la espalda. No quiero una relación sencilla, quiero que te enfades conmigo pero que me perdones cuando tengas ganas de besarme. Que me grites, pero solo para decir que me quieres. Quiero que me hagas de rabiar, que me desilusiones para luego volverme a ilusionar. Que me muerdas pero me beses después. No quiero noches de bodas, quiero noches de batallas.

Espero poder leerte esto algún día, y espero que te lo lea porque hayas dicho que sí.


Creo tener claro algo, y es que te quiero.

lunes, 17 de noviembre de 2014

Billete para Madrid

La soledad que reinaba ese día en la terminal no era comparable con la que sentía yo por dentro. Tenía tanto que contarte y a la vez tanto que callar que no sabía si lo que estaba haciendo era lo adecuado. “El avión con destino a Madrid saldrá dentro de 20 minutos”, la voz de los altavoces me hizo aterrizar de nuevo en la Tierra. Compré el billete y me decidí a embarcar.
Las 6 horas más larga de mi vida… Pensé en los momentos que habíamos pasado juntos, en los que habíamos pasado separados, en las discusiones, en las sonrisas que habíamos compartido… Me estaba volviendo loco en ese estrecho asiento.


El aterrizaje fue normal y a la salida a la terminal de Madrid la vi… Era a la única que había echado de menos en estos años… Era mi Lady Madrid… Lo había dejado todo atrás por volver a recuperarla, habría nacido de nuevo por volver a aquel instante en el que la conocí, daría mi vida por ver un segundo más su sonrisa…

Cuando Ella sonríe, se apagan las luces que iluminan las calles con tanta admiración que 

enmudece el aire. No se da cuenta que su caminar produce danzas que ni los más 

inspirados bailarines de París. Cuando pestañea, las mariposas la envidian por su bello 

aleteo de parpados.

Ella, cuando habla, ni la canción más dulce, ni el rock más duro, pueden igualar su textura 


carisma. Cuando suspira, el mar enmudece para dejar paso a un sonido tan puro como el 

de sus olas rotas.

Ella, no se da cuenta, pero su sonrisa la tengo tatuada en el interior de mis parpados, su 

tacto es mi crema y el sonido de su risa es la melodía de mi vida.

martes, 11 de noviembre de 2014

Semáforo en rojo.- segunda parte

De repente, ella gritó entre sollozos que se callara, que no quería seguir discutiendo. Se secó las lágrimas y sacó de su bolso azul su estuche de maquillaje. Él la miró con los ojos llenos de rabia por no haber dado él el golpe de estado que declaraba la última palabra, pero cuando vio aquel neceser, bajo la mirada, y la última lágrima de furia, se transformó en tristeza.

Recordó cada vez que ella entre risas se pintaba los labios de rosa pálido y acto seguido le besaba en la frente para “que todas sepan que eres mío”. Ese recuerdo le llevo al primer aniversario.
Al despertarse ese lunes, se encontró una marca de un beso con ese pintalabios rosa en su mesilla, otra en el suelo de parqué, otra en el marco de la puerta, y finalmente, un texto escrito en el espejo del baño: “Buenos días mi rey; felicidades! Un año juntos compartiendo lo bueno y lo no tan bueno, aguantándonos el uno al otro, comprendiéndonos, pero sobretodo, amándonos siempre, besándonos siempre y sonriendo siempre al otro. Gracias. Siempre tuya, Lorena”. Otra lágrima de tristeza se escurre por esas ojeras marcadas por las largas noches en vela, intentando darle la espalda a los problemas, pero sobretodo, dándole la espalda a ella.

Frena. Un peatón cruz corriendo pidiéndoles perdón con la mano. Ella baja la mirada. Cuanto tiempo llevará sin pedirle perdón. Y recuerda. Cuando cada discusión, era solucionada con un perdón; cuando corría a sus brazos sollozando y diciendo que era estúpida. Y recuerda, su primera discusión.
Dos jóvenes de 19 años discutiendo, gritándose como si el fin del mundo se acercase y uno de ellos tuviese la culpa. Toda la tragedia se originó porque Raúl la había visto hablando con un chico y ella no le contó quién era. El chico era su hermano Alejandro, aún desconocido para Raúl. Se echaron en cara todo un mes de reproches, que aunque no fuesen muchos, sirvió para que los dos dejaran de hablarse durante 3 días. Ese tercer día, Raúl se presentó en casa de Lorena con una cartulina donde ponía “PERDÓNAME POR SER TAN INSOPORTABLE”. Lorena rompió a llorar de la risa y se besaron, mientras se pedían perdón. Los celos y Raúl. Cuantas y cuantas discusiones habían sido originadas por esos demonios que lo perseguían.

Pulsa un botón. Un cd empieza a cargarse en el estéreo del coche. Los dos saben que canción sonará la primera. Y los dos tienden la mano a pulsar el numero 2 pero no llegan a tiempo. El destino es más rápido y hace que se cuelen los dos primeros acordes entre sus dedos. Los dos detienen el movimiento y vuelven a su posición de defensa. Recuerdan. Raúl recuerda.
Los tirabuzones de su pelo al moverse al ritmo de esas notas, eran la octava maravilla del mundo. Su risa era la melodía más cautivadora del universo. Y bailaba. Y le sacaba a bailar. Y él se hacía de rogar para poder contemplarla un rato más. Ahora nadie ruega.
Lorena recuerda. Como la miraba; parecía que se iban a fundir en cualquier momento del deseo. Ella se movía para que él la mirase. Y él lo hacía encantado. Sus ojos ardientes eran la droga que la hacía extasiarse con esa canción. Ahora no hay fuego.

Vuelve a frenar. Semáforo en rojo. Se miran. Recuerdan.
El primer día que llegaron a Madrid, llegaron a pararse en 10 semáforos en rojo. Y en cada semáforo se comían a besos. Los coches los pitaban cuando no se daban cuenta que había cambiado de color. Y ellos se reían como locos, esperando impacientes el siguiente semáforo. Fue como una promesa sellada en silencio, con el silencio de los besos, con ese hermoso silencio de caricias y amor.

¿Hace cuánto dejaron esa promesa olvidada? ¿Hace cuánto Lorena había guardado esa promesa joven en la caja de zapatos? ¿Hace cuánto Raúl había olvidado esa promesa?


Bajan la mirada. Verde. Se perdió la oportunidad. Se les escapó el tiempo.


Semáforo en rojo.- Primera parte

Era imposible contener las lágrimas. La impotencia de los dos era tan grande que las ventanillas de aquel Opel Corsa parecía que se abombaban. Ya no se entendían. Ella quería consumir su juventud; él ya quería tranquilidad. Ella guardaba en una caja de zapatos todos los sueños que no se habían cumplido; él se conformaba con olvidarlos. Ella despertaba cada mañana con una canción en la cabeza; él, sin embargo, ponía en la radio las noticias.

¿Dónde quedaron aquellas miradas tímidas? ¿Aquellos besos robados? ¿Dónde había quedado la magia y el deseo?

Y allí estaban, gritándose, llorando por no saber la solución, mientras avanzaban entre la densa
circulación de la calle madrileña de Tirso de Molina.
Hace años, ese recorrido lo hacían con ilusión, con los bolsillos llenos de ganas, con los ojos llenos de amor, con las bocas llenas de sonrisas, y de besos… besos que ya sabían amargos.

Habían llegado a Madrid a cumplir sueños. Soñaban con vivir, con descubrir, con descubrirse, prometiendo que siempre estarían juntos. Soñaban juntos, y vivir juntos había sido su mejor aventura. 

Desde entonces, habían cambiado muchas cosas; quizás todas, menos aquel coche.

Aquel coche donde hoy se gritaban, había sido su alfombra mágica, su nube de algodón dulce. La tapicería había sido su ropa, su abrigo y su justiciero. Cada kilómetro de ese coche, era una historia.

domingo, 9 de noviembre de 2014

Cruce de tres vidas

Quizás no fuese el momento, ni las ganas, ni, tal vez, la solución… Tras las largas esperas, las sonrisas a medias, el pintauñas deshecho, los largos tragos; no era el momento, no había ganas, no era la solución…

Ninguno de los presentes dijo nada, todos asistieron al funeral de sentimientos, al entierro de esperanzas. Ninguno fue capaz de mirar a los ojos a su compañero de enfrente. Uno tragó el humo de su cigarro que empezaba a quemarle los dedos; otro simplemente se apartó el pelo de los ojos. Un tercero chasqueó la lengua.

Todos tenían la mirada vacía, una mirada cargada de dudas, de culpabilidad. Pero  ninguno de los presentes dijo nada. No era el momento, ni las ganas, ni, tal vez, la solución…
El momento ya había sido, ya había estado allí, y ninguno había estado presente. Las ganas se las había llevado el momento con su visita. Y la solución estaba por llegar, pero tampoco estarían presentes.

Uno de ellos decidió salir por la puerta; una puerta que nunca más se volvería a abrir. Aun así, de vez en cuando, por el hueco de la cerradura entraban pequeños destellos del pasado.
Otro de ellos, escapó por la ventana; una ventana que siempre estaría abierta, que alimentaría las esperanzas futuras del único individuo que se quedó en la sala, presente.

Este, sentado en una silla de mimbre, esperó algo que nunca llegó. Y en el último suspiro, se dio cuenta; El momento siempre había estado mirándole desde el espejo, desafiante aunque silencioso; diciéndole “eres tú el que ahí sentado, está dejando escapar el momento”.

viernes, 4 de octubre de 2013

Sonríe.

Sonríe como si la vida se tratase de un juego, como si te pagasen por ello, como si todo tu alrededor dependiese de ello.
Sonríe por los que están, por los que vendrán y por los que se fueron; brindales tu mejor gesto. Sonríe por ti.
Sonríe como si cuando recuerdas, como cuando bailas, como cuando posas para una foto.
Sonríe, da igual el dónde, el cómo y el por qué, pero sonríe, sonríe siempre.

miércoles, 14 de agosto de 2013

Ella

Ella, cuando sonríe, se apagan las luces que iluminan las calles con tanta admiración que enmudece el aire. No se da cuenta que su caminar produce danzas que ni los más inspirados bailarines de París. Cuando pestañea, las mariposas la envidian por su bello aleteo de parpados.
Ella, cuando habla, ni la canción más dulce, ni el rock más duro, pueden igualar su textura y carisma. Cuando suspira, el mar enmudece para dejar paso a un sonido tan puro como el de sus olas rotas.
Ella, no se da cuenta, pero su sonrisa la tengo tatuada en el interior de mis parpados, su tacto es mi crema y el sonido de su risa es la melodía de mi vida.

jueves, 8 de agosto de 2013

Amor

El suelo empieza a ser resbaladizo, todo lo que ves se transforma, sientes el frío de lo desconocido pero el calor de lo seguro... Y la mariposa en el estómago de la que habías oído hablar, no es nada comparado con la tormenta de sentimientos que invade tu cuerpo

miércoles, 31 de julio de 2013

Adios...

Y ves como todo lo que quieres se va, como cada grano de arena de tu castillo llamado vida es arrastrado por la dulce melodía de la brisa...
No volverás a bajar con caricias por el centro de su espalda, no volverás a mirarla mientras ríe, no volverás a entender mil sentimientos en su mirada...
Esa mirada que hoy te habla hueca de sentimientos...
Tu mente empieza a correr a 200 km/h; busca un camino para seguir, una nueva meta, un plan para poder hacer que desaparezcan todas esas emociones y sentimientos que rondan en el interior de tu pecho... Pero no encuentra nada, ni un plan ni una meta.
Y ves como todo lo que quieres se va, como cada grano de arena de tu castillo llamado vida es arrastrado por la dulce melodía de la brisa...


domingo, 21 de julio de 2013

Tormentas de verano

- No creo que sea la mejor solución...
+ Esto es igual que una tormenta de un día de verano... Viene sin avisar, sin apenas cambiar la temperatura... Pero de un momento a otro, las gotas empiezan a empañar los cristales.
Es algo inapropiado en esa época del año, pero es tan bonito, es tan bueno el olor a tormenta de verano...
- No entiendo lo que me quieres decir...
+ Lo que te estoy intentando decir es que, a pesar de que aparentemente nada a cambiado entre nosotros, los dos sabemos que en nuestro interior hay una tormenta... Una de las tormentas más bonitas jamás contadas.

jueves, 18 de julio de 2013

Hay esperanza

Si hay alguien capaz de sacarte una sonrisa donde antes hubo una lágrima... si hay alguien capaz de gritar tu nombre cuando nadie se atreve a susurrarlo... 
Si hay una mirada que permanece fija mientras que las demás ya se han desviado... si hay unas palabras dirigidas a ti entre tanta gente...
Si hay alguien dispuesto a elevarte entre la multitud... Si hay alguien que se envuelve en tu aroma...
Hay esperanza...

miércoles, 17 de julio de 2013

Definición de amistad

Sonrisas que con el paso del tiempo se han intensificado, han madurado, se han hecho más firmes y menos confiadas del exterior que las rodea… Miradas que, aún en la distancia, se complementan y se recuerdan donde se encuentran y a quien tienen al lado… Palabras que las unen, silencios que lo confirman…

domingo, 7 de julio de 2013

Tenías acumuladas las ganas de ser feliz

Es ese momento, no se sabe exactamente cuando llega pero tú sabes que es el momento justo. Quizá no llegue cuando tú pretendías que llegaría, y te coge así; de repente… A lo mejor es cuando acabas una partida de cartas y has perdido por dos puntos, o cuando oyes la carcajada más fuerte y contagiosa que jamás habías escuchado, es, simplemente, porque tenías acumuladas las ganas de ser feliz. Y en ese momento concreto, en el que tus ojos se cierran y tus pulmones recogen el aire necesario para saber que estás vivo, entiendes que tú eres el que tienes el poder de tu propia vida.

jueves, 4 de julio de 2013

Algún día...

Algún día, cuando los años no se digan con un sonrisa, si no con una mota de tristeza. Cuando nuestras alegrías no ganen en número a las arrugas de nuestro rostro. Cuando los días pasen tan lentos como la carrera de una tortuga, nos daremos cuenta del tiempo que hemos perdido.
Antes de que sea tarde, antes de que nuestra inocencia sea marchitada por el paso de las estaciones, antes de que nuestro rostro sea marcado por el paso de los años, antes de que nuestra voz quede rota por el paso de las penas… Antes de que sea tarde, hay que reír con cada historia, llorar de alegría con un reencuentro,  cantar hasta quedarnos afónicos con una canción que no sepamos su letra… Hay que besar con amor y pensar con el corazón.

Cada lágrima será una pérdida de tiempo, cada grito de enfado será una historia sin contar, cada mirada de odio será algo que querrás olvidar.

 
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